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:: 30.12.07 ::

30 metros de isleta de tráfico en medio de una autopista. 30 metros de tierra, algún arbusto y un par de grandes rocas supuestamente decorativas. Como la Luna, lejos de la humanidad, más allá del fin del mundo, sólo pisada 1 vez desde su génesis. Una isla, en fin, ignota e ignorada. Todavía tenía impresas en la arena las huellas de quienes plantaron los árboles cuando llego el primer colono. Portaba una caseta prefabricada de jardinero que medio ocultó entre los árboles. Se intaló hace casi 2 años, incapaz de pagar una hipoteca o un alquiler en la gran ciudad, y convencido de que nadie se percataría de su presencia.

Y es que las isletas de tráfico existen físicamente, pero es como si fuesen invisibles. A 120 km/h, fija la vista en el espacio entre tu parabrisas y el coche de delante, no existe nadie viviendo en una isleta a unos metros de tí. Desaparecen los detalles. No hay pequeñas tomateras. No existen Robinsones postmodernos. Ni Principitos viendo crecer un jaramago.htm entre el asfalto y las señales.

Hasta que Irene pinchó y buscó refugio de la velocidad en el islote. Un extraño cartel rezaba "Bienvenido/a a Enmedio de la Nada". Pero esa es otra historia.

Feliz año.


:: Susurros de _Muerte_ a las 8:01 p. m. [+] ::
:: 6.12.07 ::
El sábado pasado me levanté y me fuí a desayunar con Sandman y nuestro peque, Miguel, antes de entrar en la Expocómic. En la expo, flipó con los colores, los soldados de asalto imperiales, el barullo... alternando la emoción con el sueño más profundo, como es típico en los frikis de un año.

Soy Muerte. En la web firmo como __M__. Mi nombre real también empieza por eme. La gente que me conoce seguramente me definiría como algo tímida, más bien callada (al menos si no tengo confianza) y creo que de trato amable. No tengo grandes virtudes, pero sí, creo buen temple y buen humor. Ante problemas, agobios, imprevistos, etc. soy de las que intento respirar hondo y contar hasta 10, para no perder el Norte.

Pero resulta que, de vez en cuando, me sale el Hellboy que hay en mí. Y sale de lo más profundo de mí, rugiendo y resoplando, como cualquier criatura del Averno. Concretamente, suele salir en presencia de fanfarrones, sabelotodos y chulos. De ambos géneros. Y el destino quiso que esa mañana me topara con Berenice.

La llamaremos Berenice. Ignoro su nombre pero Berenice suena misterioso, victoriano y oscuro. Se levantó a las 6 de la mañana aunque Expocómic no abría hasta las 10, para pintarse y prepararse. Y colgarse el ataúd de "poliespán" al hombro.

Tras una mesa redonda muy interesante tocaba otra sesión de firmas de autores pero, como a Miguel le tocaba comer, me levanté e intenté dirigirme con el carrito a un lugar más tranquilo donde pudiera darle su puré tranquilamente. Como había bastante gente, esperaba pacientemente a que me vieran y me hicieran un hueco para pasar. Cuando no, les pedía amablemente que me cedieran el paso un segundo para poder salir. Sin ningún problema hasta encontrarme con Berenice. Allí estaba. En todo su esplendor. Una niñata de no más de 16 años (niñata no por su edad sino por su actitud de perdonavidas) que resopló y se puso en jarras. Una niñata, para más inri, pintada como una puerta, vestida de véte a saber qué, aunque supongo que de Reina de la Oscuridad o algo parecido, y rodeada por todo un séquito de esperpentos del mismo pelaje. Se plantó delante, con un tintineo de perlas, plata y abalorios y me espetó: "Es que aquí no puedes venir con un carrito". Así, tal cual. Ante la sorpresa mayúscula de la masa.

Y claro, cuando se me hincha la vena, a mí, en Mala Hostia Oscura, no me gana nadie. No puedo reproducir aquí mi respuesta a su chulería porque son cosas que te salen en el momento. Pero fué algo así como: "ClaaAAAaaro. Y con una ataúd de 2x1 metros colgado de la chepa sí. De todas formas, yo, es una costumbre como cualquier otra, suelo ir a los sitios con lo que me sale del mOÑO." O algo parecido.

Y Berenice se quedó sola en este mundo. Muda por un instante. Echa un basilisco algo después, gritando mientras yo me alejaba como si nada con el carrito más ancha que larga. Perdida ya su impoluta imagen de fría muñeca de porcelana. De Reina de la Oscuridad a verdulera del Antiguo Régimen en 3 minutos, pese a los tules y los tafetanas. Un reinado fugaz.


:: Susurros de _Muerte_ a las 11:40 p. m. [+] ::
:: 25.11.07 ::
Todos los días pierdo un trasbordo. Paso por ese punto de la red de metro todos los días laborables y, supuestamente, me bajo de un tren para montarme en otro. Sin embargo, no podría jurarlo, porque cada día, cuando estoy sentada en el segundo tren, en el que, presuntamente, me he montado unos minutos antes, salto del asiento como si tuviera un resorte y hago el amago de ir hacia la puerta, convencida de que me he dormido en el primer tren y me he pasado de parada. Pero no. No. Estoy en el sitio correcto... en ese tren en el que no recuerdo haberme montado.

Como suele ser siempre a la misma hora, suelo coincidir con los mismos viajeros. A estas alturas creo que piensan que 1. estoy zumbada sin más 2. soy una especie de "mimo del metro" que todos los días hace la misma estúpida performance 3. están atrapados en un bucle temporal (en plan "día de la marmota").

Intento recordarlo todos los días, pero no tengo ningún recuerdo de haber pisado el andén, ni de subir las escaleras mecánicas, ni de meter el ticket en el torno, ni de esperar a ese segundo tren. Nada. Ese trasbordo fantasma no existe en mi mente. Es como si me formateara en ese lugar.

Así que todos los días "pierdo" unos minutos de mi vida que no sé adónde van a parar. Un día pediré las grabaciones al metro, a ver si de verdad me bajo de un tren para montarme en otro o, como me temo, me teletransporto.

O quizá soy abducida a la misma hora todos los días. Sería otra opción a barajar, sobretodo después de la llamada desconcertante de hace 1 semana. Sobre las 5 de la tarde suelo recibir llamadas ofreciéndome los servicios y productos cada vez más variopintos: préstamos, clases de pilates, colchones, casas en multipropiedad. La cosa se fué de madre cuando hace una semana la señorita me dijo al descolgar el teléfono, como siempre, sin darme tiempo a reaccionar: "Buenas tardes. Le llamo de la empresa Random de estudios de opinión. Estamos realizando una encuesta y quisiera preguntarle sobre sus conocimientos sobre vida extraterrestre.". Así, tal cual. Momento Men in Black. Juro por lo más sagrado que no es coña. Hasta busqué una empresa con ese nombre en Madrid y resulta que existe.

Llamadme paranoica pero mañana, cuando me duche, pienso asegurarme de que no tengo ningún chip subcutáneo incrustado en el cuello o algo así.


:: Susurros de _Muerte_ a las 9:35 p. m. [+] ::
:: 21.10.07 ::
Paseo por el centro de Madrid un sábado temprano. Todo está tranquilo. La Gran Vía, Callao, Preciados, la Plaza Mayor. Después, la ciudad empieza a despertarse, las persianas metálicas a subirse con estruendo y hacemos la ruta habitual por las tiendas de cómics. Ahora, con carrito, es más difícil maniobrar en los pasillos estrechos llenos de merchandising. Cuando menos te lo esperas, el peque ha cogido y está chupando un llavero de Naruto (en el mejor de los casos). Acabo por llevarme por delante la cabeza de un Jack Skellington y un Hellboy a tamaño natural. Sin embargo, parece que el bebé ya está curado de espanto.

No así su madre. Y es que mientras íbamos de cómics no dejaba de sorprenderme de cómo mi ciudad (de adopción, pero MI ciudad al fin y al cabo) se parece cada vez más a esas extrañas megalópolis que salen en los documentales.

Hay carteles que no entiendo. Algunos, en el metro, están escritos en idiomas que no reconozco. Pero tampoco comprendo otros supuestamente escritos en castellano. ¿Qué puedes esperar de una peluquería china cuyo cartel anuncia una "nueva muy permanente a liso-japonesa"?. Cuento decenas parecidas en el mismo barrio. ¿Dónde va a cortarse ahora el pelo la Sra. Josefina? ¿Cómo le dices a la peluquera que quieres un corte recto, decapado pero sin pasarse, con raya al lado, y con maquinilla por detrás?.

¿Dónde se producen los huevos de más de 100 años que anuncian en los menús?. ¿Los importan o ya hay bodegas autóctonas de huevos con solera?.

¿Qué demonios es un depósito dental? (cartel visto en pleno centro). No, espera. No quiero saberlo.

Aunque lo que realmente me fastidia es ver cómo los lugares típicos, los comercios de toda la vida, cierran y su lugar es ocupado por grandes cadenas impersonales. Hace unos días leí un texto de Bar de Anarquistas (José María Conguet) que trataba precisamente eso.

Espero que el peque, cuando crezca, pueda tener también su propia ruta (de cómics, discos o lo que sea que le guste) y que pueda acabarla tomándose un típico bocata de calamares o unas bravas, como sus padres, si le apetece.


:: Susurros de _Muerte_ a las 6:05 p. m. [+] ::
:: 30.9.07 ::
Tras la tensión de la Crisis Infinita decidí darle un descanso a los señores (sras. y srtas.) con mallas y retomar Ciudad, de Clifford D. Simak, cuyo prefacio reza así:

"Estas son las historias que cuentan los perros, cuando las llamas arden vivamente y el viento sopla del norte. Entonces la familia se agrupa junto al hogar, y los cachorros escuchan en silencio, y cuando el cuento ha acabado hacen muchas preguntas.
–¿Qué es un hombre?
–¿Qué es una ciudad?
–¿Qué es una guerra?
No hay respuesta exacta para esas preguntas. Hay suposiciones y teorías y conjeturas, pero no hay respuestas."

Ciudad es presentada como recopilación de cuentos que han pasado de generación en generación entre los perros descendientes de nuestros perros, que tienen al hombre por un ser mitológico que seguramente no existió. Las historias van desde 1990, cuando las ciudades de los hombres empiezan a decaer, y un futuro dominado por perros y robots a un paso del desastre por la colonización de las hormigas.

¿Qué más puedo decir?. Una novela inteligente, originalísima en la forma y con algunas de las frases más brillantes que he leído en los últimos años.

Me sorprendió comprobar su fecha de publicación (1953). Pese a lo que me esperaba, no hay space opera, artificios o extraños artilugios futuristas. Se trata de un ejercicio de sociedad-ficción. Tan sólo hombres y fieles robots y perros, con sus respectivos miedos y deseos. Su evolución y su extinción. Quizás algunos secundarios: mutantes jovianos y hombres salvajes que son, al fin y al cabo, simples hombres. Y llegas a entenderlos a todos y cada uno de ellos. Maravillosa. En mi top 10.

¿Leer?


:: Susurros de _Muerte_ a las 2:43 p. m. [+] ::
:: 24.8.07 ::
Hace una semana me regalaron un libro de entrevistas a Tom Waits al que, por supuesto, me he enganchado. Bueno, más bien me ha absorbido porque el Maestro Waits tiene ese efecto en mí. Punto y aparte.

Tengo una jodida herida en la planta del pie. No sé cómo me la he hecho pero puede que tenga algo que ver con el hecho de que me gusta caminar descalza. Hay a quien puede parecerle una guarrada. Quizás tenga algo de rollo místico en plan "contacto con la madre tierra" o quizá no. El caso es que me gusta y me gusta la gente descalza. Me resulta natural, terrenal, honesto. Pero a veces pasan cosas... todo el mundo se ha dejado alguna vez los dedos en el pico de un mueble, o se ha despertado con un pie dolorido sin saber muy bien por qué. ¿O no?. Punto y aparte.

Pues bien, a la pata coja y en medio de mi ataque de idolatría waitsiana ayer tuve una experiencia quasi-religiosa. Para quien no los haya padecido nunca, estos ataques son peligrosos porque se retroalimentan y es difícil volver a tu sano juicio. Sonaba Frank's Wild Years en el coche. Me senté en el asiento trasero, justo encima de en un pato de goma y juro que los cuacs sonaron como parte de la canción. Sorprendida, me apoyé en el asiento, pulsando accidentalmente el botón de un volante de juguete y un gallo cantó a dúo con el que canta en "I'll be gone". Y me convencí, si es que alguna vez había tenido dudas, de que debía seguir Su Camino. El camino de Tom. Otro punto y aparte.

El caso es que entre esta Revelación y la herida, mis andares han sufrido una metamorfosis algo peculiar en los últimos días. Camino como un bucanero cojo y gruñón, haciendo aspavientos y ladrando maldiciones por los andenes del metro. Así que si véis a alguien con esa pinta saludadme con una fraternal palmada, pero no me piséis. Punto y aparte.

Qué cabrón Tom Waits. 100 pueblos más allá de lo original. 500 millas pasada Extravagancia. El Señor del pensamiento (y la existencia) divergente. Estirando los límites de las palabras y de este puto circo hasta salirse de él.

En una de las entrevistas dice que siendo padre de familia lo que más le sorprende es lo abiertos que son los críos: se salen del papel y siguen dibujando en la mesa. ¿No es un lema maravilloso?. Salirse de lo marcado y seguir pintando. Larga vida a su alteza el Sombrerero Loco.


:: Susurros de _Muerte_ a las 11:12 p. m. [+] ::
:: 28.7.07 ::
A las 6 am suena la alarma y tengo 1 hora y 20 minutos para la ducha, arreglarme, hacer el desayuno, desyunar y preparar la mochila del bebé. Después: metro, carreras, fichar en el trabajo. De 8:30 a 3, mientras trabajo, debo ir dándole a un cronómetro de mesa cada vez que empiezo o acabo una tarea, si hago una pausa, si me levanto de la mesa. Tac. Tac. Se ha instaurado en toda la empresa para un estudio global de productividad que durará como mínimo 6 meses. Tac. Tac. Tac. 30 relojes sonando todo el día, como en una partida de ajedrez interminable. Al final de la jornada todos debemos haber contabilizado y justificado cada minuto en una hoja de Excel.

Ficho y corro de nuevo hacia el metro. Unodosunodos. Escaleras mecánicas abajo. Compro un bocata subterráneo y un zumo de las profundidades porque no he podido comer, ni podré hacerlo cuando llegue a casa a las 4. Sin pretenderlo, camino siguiendo el ritmo la hipnótica The Clock, de Thom Yorke (Radiohead) en el MP3 y mientras lo hago es como si no existiese. Dejo una estela por donde paso con mis movimientos de velocista vestida de negro, una mezcla de Flash y Muerte. Recojo al peque de la guardería a las 4 y tiene que merendar. Recoger y cuidar del bebé haciendo malabares. Momentos de risas. Cena-masaje-baño-cambiarle y postre, hasta que el sueño le vence.

Entonces cenamos y empieza la evasión: cómics u otras lecturas, Naruto, Héroes, alguna película en DVD, internet, fotografía, videojuegos o simplemente holgazanear en el sofá. Paladeamos esos minutos como el primer helado del verano.

Alguna vez, sin embargo, no consigo frenar a tiempo y cuando me duermo soy lanzada por la fuerza de la inercia, cayendo irremediablemente por toboganes, barrancos y ventanas de rascacielos durante toda la noche.

Otras entro en el mundo de los sueños dando trompicones, tropezando con personajes de películas y rompiendo espejos. Anoche soñé que rompía un espejo y me anunciaban 7 años de mala suerte onírica. Sea lo que sea... me dió escalofríos.

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:: Susurros de _Muerte_ a las 12:13 a. m. [+] ::
:: 27.6.07 ::
Supongo que para la gran mayoría de gente una casa abandonada es sólo eso. Sin más.

ES más, alguien podría decir que no es ni siquiera eso, porque una casa deshabitada deja de ser un hogar. A veces no es ni tan sólo un edificio ya que pasa desapercibido, como si no exisitiera. Igual que los mendigos dejan de ser "alguien" para muchos y se vuelven invisibles.

Pero a mí siempre me sorprenden. En la era del consumismo, cuando algo no sirve, normalmente se tira sin más. Lo hacemos desaparecer. Y sin embargo los edificios deshabitados a veces se quedan ahí, sin razón de ser y en ruinas durante años e incluso décadas. Algunos transmiten tristeza, como un enorme cascarón de caracol vacío y quebradizo. Otros, si te paras un minuto y los observas, parecen desafiar al sistema.

¿Por qué una casa, una fábrica, un colegio, un pueblo entero, llenos de vida, ruidos y olores acaban abandonados? ¿Se mudaron los inquilinos? ¿Por qué razón? ¿Murió el dueño de la casa sin dejar descendencia? ¿Saben los nietos que su abuelo creció en esa casa? ¿Por qué cerró esa fábrica? ¿Fué un desgraciado accidente? ¿Cuál fué la última vez que sonó la sirena de fin de turno? ¿Sigue vivo alguien bautizado en esa iglesia hoy derruida? ¿Cuál fué la última misa? ¿Quién cerró la puerta de esos lugares? ¿Sabía que lo hacía por última vez? ¿La dejaron abierta porque ya no importaba?

Y a gran escala, ¿por qué desaparece un pueblo de los mapas?. Hace poco, leyendo Ciudad, volví a tener esa sensación de desolación casi insoportable que tenía en mis viajes en tren cuando pasaba junto a un pueblo en ruinas.

Lo que me resulta aún más desconcertante es que algunos pueblos son abandonados ya no de forma gradual (Polvoranca) sino a la desesperada. Hay decenas de pueblos sumergidos por embalses (La Muedra) y los hay que fueron desalojados a la fuerza con mentiras como que la presa se hundía (Fayón). Otros fueron sentenciados por proyectos que nunca se llevaron a cabo (Jánovas).

Un escalofrío me recorre el espinazo cuando pienso en la posibilidad de que la casa o el pueblo donde me crié acabaran así.
Podría ocurrirle a cualquier lugar, por muy vivo que esté ahora. Procuro pensar en otra cosa y no hacer grandes aspavientos, para evitar lo que ocurrió en un pueblo muy pequeño.


:: Susurros de _Muerte_ a las 11:55 p. m. [+] ::
:: 11.6.07 ::
10 cosas para NO decir cuando una chica entra en una tienda de cómics:

No es mi intención escribir un post feminista, pero es que ya cansa.

1. (Al entrar, sin mirarle) "El manga está allí"
2. (Al entrar, sin mirarle) "El cómic europeo está allí"
3. (Al entrar, sin mirarle) "El merchandising de The Nightmare Before Chrismas está allí"
4. (Al coger un número de una serie que compra habitualmente) "No es un número único"
5. (Al coger cualquier cómic) "¿Sabes de qué va?" (¿Se lo habrías preguntado a un cliente masculino?)
6. (A tu amigo/novio/marido, como si fueses invisible) "Pero tu amiga/novia/mujer/ no lee superhéroes, ¿no?"
7. (Al coger un número de Monster, 20th Century boys. Con tono didáctico:) "Esto se lee de izquierda a derecha, ¿sabes?"
8. "Te lo envuelvo para regalo ¿verdad?" (No, es para mí)
9. (Con complicidad, al otro dependiente de la tienda) "Joder, ya querría yo que mi chica me regalese cómics"
10. "¿Te oriento un poco?"
y de propina:
11. (Dándolo por hecho)"Aaaaah, pero fué tu chico quien te metió en el cómic, ¿no?" (No.)


:: Susurros de _Muerte_ a las 7:28 p. m. [+] ::
:: 27.5.07 ::
Pues no, no voy a hablar de Spiderman, fíjate tú. Y no por llevar la contraria, ni porque sea dcera(que lo soy), es que hace unos días disfruté de nuevo con Batman Begins y desde entonces estoy dándole vueltas al tema.

Con Batman me pasa como esos grupos que te gustan desde hace años y que, tras una temporada sin escucharlos, un día pones algo suyo y tienes que reconocer: "Joder, estos que son los putos amos." Y curiosamente debe ocurrirle a mucha otra gente porque, le pese a quien le pese, Batman es especial. Por algo es el superhéroe más popular. El gran detective. El Caballero Oscuro. El Señor de la Noche. El hombre pachocha. Bueno, así llaman en mi pueblo a los murciélagos.

Hasta hace poco vivía en un bloque más que antiguo viejo. A menudo las vecinas llamaban a nuestro timbre en pleno ataque de histeria porque en su casa, al decorrer la ventana, había entrado un vampiro (sic) o un dragón (en catalán "drac" es una lagartija).

Y allá que iba mi madre, la única capaz de coger a los bichos atolondrados por el golpe y llevarlos fuera, a salvo de escobas y gritos histéricos. Así que mi madre, amante de las películas de terror pese a haber nacido en la guerra, era una especie de heroína tanto para el bloque como para los asustados "monstruos". Una John Constantine o Gerált de Rivia, y yo su escudera.

Y no es por mi tendencia a la estética gótica, pero desde entonces tengo una curiosidad especial por esos bichos enclenques y destartalados, tan diferentes del héroe que adoptó su imagen. Tan indefensos que todos sus especies están protegidas.

Sí, iré a ver Spiderman III, pero para mí que me va a gustar más el simbionte que el original...


:: Susurros de _Muerte_ a las 7:01 p. m. [+] ::
:: 6.5.07 ::
Y casi 6 meses después he vuelto a la vida subterránea del metro. Casi subaquática.

Otra vez a intentar coordinar mis movimientos en el mar de gente, evitando tropezones y roces en una complicada coreografía masiva. Como los bancos de peces plateados de los documentales.

Mientras espero en el andén, alguna cara conocida levanta una ceja a medio camino entre reconocerme y maldecir su memoria de pez. De nuevo, compruebo la importancia que dan algunos a "ganar por un hombro" al atravesar la línea luminosa a la llegada del metro. Photo finish.

Best sellers y emepetreses o cuatros. De camino a la superficie, el mismo violinista virtuoso, tan bueno que parece fuera de lugar. La quiosquera gruñona de siempre. El brujo de los papelitos de la salida de la estación ya no se llama Zoltan sino Ommo, pero sigue curando desde un orzuelo hasta el cáncer.

Y al llegar a mi destino, nuevas modalidades de comentarios con mala uva y el habitual mal humor que, sorprendentemente, chocan con mi recién estrenada escafandra. Y es que todo es tan distinto ahora que en mi mesa hay una foto de alguien pequeñito y de risa fácil...


:: Susurros de _Muerte_ a las 11:30 p. m. [+] ::
:: 29.3.07 ::
Una canción me sorprende hasta el punto de soñar con ella y tener que buscar el video en el (bendito) youtube y volverlo a ver mil veces.

Pero ¿quién no ha visto una sonrisa paternalista en la cara de alguien cuando confiesas tu entusiasmo por algo?.

Muchas veces no demostramos nuestras pequeñas pasiones y caemos presa de los prejuicios, de la "madurez" y del qué dirán. No nos atrevemos a dar un pasito más y dejarnos llevar cuando algo nos gusta o nos interesa. Para algunos adultos lo de entusiasmarse como un niño con una Play 3 (con unos zapatos nuevos ya los niños ni se coscan) o apasionarse por algo hasta casi rozar la locura, está mal visto. Han ido asumiendo que es perder el tiempo, así que, de alguna forma, pasan por la vida de puntillas, cuidando las formas.

Lo malo es que a veces llegan a aguarte la fiesta y en su compañía, algo en tu interior te dice "no te emociones demasiado". Es como la gente que despotrica del consumismo y de lo falso de la Navidad. Dan ganas de decirles, "mira, déjame a mí que disfrute comprando regalos a la gente que quiero con mi puto espíritu navideño y con mi ilusión infatiloide". Menos mal que conozco bien al Señor de Las Pequeñas Sorpresas Sin Venir a Cuento, el Maestro de las Alegrías "Porque sí" y El Entusiasmo Desatado por las Cosas Más Simples.

He comprobado que es mucho mejor dejarse llevar para no perderme algo que podría hacerte estúpidamente feliz, aunque sea sólo por un instante. Puede ser cualquier cosa: un grupo musical, los vikingos, Japón, el Circo del Sol, la lomografía... Un día topas con algo por pura casualidad y la curiosidad te hace tirar del hilo. Nadie necesita preguntar a un niño si le ha gustado una película o si ha disfrutado en el parque. Se nota.

Así que creo que hay que gastar el botón repeat del reproductor de CDs por alguna canción. Disfrutar de un día de playa como lo hacen los niños, sin preocuparte por si estás demasiado blanco o tienes michelines.Correr como Phoebe de Friends. Llorar inexplicablemente al paso de una talla e incluso emocionarse con la victoria de un gigante mogol. Dicho así parece una puta locura. Puede ser. Y puede que después se te pase o puede que no, pero la Felicidad Absoluta, Mayúscula y Rotunda existe, aunque sea algo instantáneo. Y esos momentos no te los quita nadie. Así que al carajo.


:: Susurros de _Muerte_ a las 6:05 p. m. [+] ::
:: 19.1.07 ::
Pues sí. Parece que soy una superheroína. Desde hace 2 meses tengo unas habilidades cuanto menos curiosas como:

- Puedo moverme con el más absoluto sigilo. Es más: creo que a veces camino sin tocar el suelo.
- Puedo ducharme a una velocidad pasmosa
- Diría que mi agudísimo oído me permite percibir el parpadeo o cualquier variación en la respiración de alguien que está en otra habitación
- Puedo saber si una persona va a seguir dormida en los próximos 15 minutos con sólo mirar sus párpados
- He desarrollado un cuerpo elástico que me permite escurrime entre dos muebles (digamos un armario y una cuna, por ejemplo) separados por un palmo sin apenas rozarlos
- Puedo hablar con total soltura un lenguaje gutural nuevo que no he estudiado. (Aunque hay quien diría que eso es síntoma de posesión infernal)

Las consecuencias de que alguien "normal" descubra que tiene superpoderes han sido tratadas de forma más o menos seria en muchos cómics como H-E-R-O o El Rayo de la muerte y series de TV como Abducidos o Héroes. En todas ellas queda claro que, lejos de ser un chollo, esto de ser superhéroe te puede acarrear problemas muy serios.

Además, todo lector de cómics sabe que "todo poder conlleva una gran responsabilidad", que todo superhéroe paga más tarde o más temprano su tributo y todo eso. Pues bien. Debo ser una inconsciente y una friki, pero yo estoy pensando en una capa que me haga juego con el cochecito.


:: Susurros de _Muerte_ a las 4:09 p. m. [+] ::
:: 3.1.07 ::
Ha sido una larga ausencia por una total y absoluta falta de tiempo. Y eso que no me faltan motivos ni ideas para escribir.

Así que escribo en un pequeño hueco inesperado que me he encontrado al doblar una esquina, tras tropezar con un muñeco de goma chillón. Uno tiene sus ritmos, sus costumbres, su orden más o menos particular, sus ideas que da por hecho, su pequeño rincón para sus cosas, sus momentos de ocio o esos en los que disfrutas no haciendo nada en especial...

Y de repente alguien llega y te lo trastoca todo. Y tu espacio se llena de objetos inverosímiles con nombres preocupantes, como maxicosis o narihneles. Y sin embargo, aunque seas de ese tipo de personas que necesita tenerlo todo más o menos controlado, te dejas llevar por ese caos y hasta sonríes.

No soy una fan de los Beatles. Me gustan sí, pero como puede gustarles a alguien nacido a mediados de los 70 , que no vivió el fenómeno. Sólo tengo 2 recopilatorios, aparte de 2 álbumes en solitario de Lennon a los que me enganché durante un tiempo. Pero ayer, envuelta en ese caos personal del que hablaba, entre compras de Navidad, me encontré en un coche viviendo algo que juraría que era una especie de "mensaje místico beatleliano", de no ser porque no creo en esas cosas...

Hacía frío a pesar del sol. En el coche sonaba "Eleanor Rigby" de forma clara, limpia y contundente, sin ruidos, como nunca antes había escuchado a los Beatles antes de Love. Directo a la vena. Como si alguien me la susurrase en el asiento de atrás. Lo que más quiero contenido en una burbuja. Tres personas aisladas del resto del mundo por un instante dentro de un frágil capullo de seda en forma de coche.

El peque mamaba tranquilo y satisfecho, con el sol calentándole las piernecitas, sintiéndose, probablemente, la persona más feliz del mundo. Y me miró con esos ojos de color todavía indefinido, entre gris y azul marino.

Y en ese momento, mientras el estribillo nos preguntaba "all the lonely people were do they all come from?" y todo lo que había fuera del coche dejaba de existir, sentí, quizás pecando de optimista, que nunca estaría sola.


:: Susurros de _Muerte_ a las 12:10 a. m. [+] ::

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